Por Daniel Olivero González – Apuntes desde mi rincón
Miguel de Unamuno y su desafío al poder de la muerte
Fue en 1983. Mi último año de enseñanza media en el IMLP. Y también el despertar de la sociedad chilena luego de casi diez años de dictadura.
Así es como la historia del país se entrelaza con la personal, mediante hechos que aparentemente no están ligados, pero que de alguna forma vibran en una misma frecuencia. Sincronía, llama Jung a este singular fenómeno. Y fue dentro de esa misma sincronía que conocí al maestro español, don Miguel de Unamuno.
Creo que, para un estudiante de 16 años, Unamuno fue un ejemplo a seguir. Alguien que buscaba respuestas a muchas de las dudas que comenzaban a germinar en mi cabeza, junto con unas ganas inmensas de aprender y de escuchar voces inteligentes, sabias y talentosas, voces que durante mucho tiempo habían sido perseguidas o marginadas.
Pero Unamuno es mucho más que eso. Figura intelectual poderosa de su tiempo, polemista de alto vuelo, hombre de profundo amor por España y su lengua, poseedor de una pluma mordaz, afilada e ingeniosa, unida al rigor de quien busca la verdad como fundamento de toda creación, ocupa un lugar destacado entre los grandes pensadores de la modernidad.
A medida que el profesor de Castellano nos hablaba de su obra, de su personalidad y de su contexto histórico, yo iba trazando paralelos entre su época y la mía. Para Unamuno, la Guerra Civil Española y su acto de protesta, en rebeldía ante la insensatez del fanatismo, fueron su condena final, pero también su paso a la inmortalidad.
Solo quienes son consecuentes consigo mismos tienen el valor de oponer la fuerza de sus convicciones a la crueldad del totalitarismo, cualquiera sea el signo con que se presente. Su frase «Venceréis, pero no convenceréis» fue la primera luz que me indicó un camino posible.
El incidente en la Universidad de Salamanca
Existe un debate abierto sobre la verosimilitud del enfrentamiento entre el intelectual y el general Millán-Astray. Aunque el director de cine Alejandro Amenábar consigue, en su película Mientras dure la guerra, uno de los momentos culminantes de la trama al recrear la reacción de Unamuno frente al fanatismo de la audiencia.
Investigando en la web encontré un artículo del historiador Joaquín Prats, en su blog titulado Lecciones para no salir de dudas, donde se pone en entredicho tanto la versión cinematográfica como algunos aspectos de la narración tradicional de los hechos. Dejo aquí el enlace porque es interesante de leer: https://www.histodidactica.com/blog/la-pelicula-de-amenabar-falsea-los-hechos-del-12-de-octubre-de-1936-en-la-universidad-de-salamanca/
Es bien sabido que toda reconstrucción histórica está influida por las perspectivas e interpretaciones de quienes la realizan, y que la absoluta imparcialidad rara vez encuentra un lugar cómodo en esos debates. Sin embargo, muchos de los grandes episodios que alimentan el imaginario de los pueblos no provienen únicamente de la verdad factual, sino también de los símbolos y mitos que se construyen a partir de ella.
Para mí, en términos prácticos, el hecho ocurrió. Y porque conozco el pensamiento fascista y reaccionario, tenía seis años cuando Pinochet tomó el poder y veintitrés cuando lo dejó, me parece perfectamente posible que algo semejante haya sucedido.
Pero no se preocupen, amigos conservadores. Tampoco guardo simpatía alguna por los regímenes autoritarios o dictatoriales de izquierda, por los libertarios extremos ni por quienes defienden formas de supremacía colonialista eurocéntrica. Todos comparten, en mayor o menor medida, el mismo desprecio por el libre pensamiento. Y ya tendrán su artículo a su debido tiempo.
Vamos ahora a la versión canónica de los hechos, según los antecedentes más difundidos.
📖 Cronología del 12 de octubre de 1936: El Paraninfo de Salamanca
El enfrentamiento entre Miguel de Unamuno y el estamento militar sublevado ocurrió el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, durante la celebración del Día de la Raza, hoy Fiesta Nacional de España.
En ese acto, el escritor encaró directamente al general José Millán-Astray, fundador de la Legión, en un ambiente cargado de arengas falangistas. Su célebre frase «Venceréis, pero no convenceréis» se convirtió en el símbolo de la razón frente a la fuerza bruta.
Meses antes, Miguel de Unamuno había apoyado públicamente el levantamiento militar encabezado por Francisco Franco. El filósofo estaba desencantado con la Segunda República y creía que el ejército restauraría el orden.
Sin embargo, la brutal represión en Salamanca, que incluyó el encarcelamiento y la ejecución de personas cercanas, destruyó rápidamente esas ilusiones y lo enfrentó a un profundo conflicto moral.
El detonante en el Paraninfo
Unamuno presidía el acto del 12 de octubre en calidad de rector de la universidad. Entre los asistentes destacaban Carmen Polo, esposa de Franco, y el general Millán-Astray.
El ambiente se encendió cuando varios oradores lanzaron duros discursos contra catalanes y vascos, calificándolos como la «anti-España». Los asistentes respondieron con aplausos y con los gritos de «¡Viva la muerte!». Indignado y rompiendo su intención inicial de guardar silencio, Unamuno decidió tomar la palabra.
El discurso
Basándose en notas improvisadas, el rector comenzó a hablar con crudeza.
Primero condenó el odio ciego, señalando que una guerra civil no era una lucha por la civilización, sino una forma de suicidio colectivo.
Luego dirigió sus críticas hacia Millán-Astray. Calificó el lema «¡Viva la muerte!» como una paradoja repelente y necrófila. Mirando al general, aludió a su condición de mutilado de guerra y sugirió que quien carece de grandeza espiritual busca consuelo multiplicando los mutilados a su alrededor. Fue entonces cuando Millán-Astray reaccionó con furia, interrumpiéndolo y profiriendo gritos contra la intelectualidad.
«Venceréis, pero no convenceréis»
Lejos de intimidarse, Unamuno pronunció las palabras que inmortalizaron aquel enfrentamiento:
«Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su recinto sagrado. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha».
El revuelo en el Paraninfo obligó a Carmen Polo a intervenir. Tomó a Unamuno del brazo y lo acompañó fuera del recinto para evitar una posible agresión por parte de la multitud exaltada.
La reacción del régimen no tardó en llegar. Franco lo destituyó de su cargo como rector y quedó confinado en su domicilio. Allí pasó los últimos meses de su vida, aislado y vigilado. Con el corazón roto por el rumbo que había tomado España, Miguel de Unamuno murió el 31 de diciembre de 1936.
Mi reflexión final
Unamuno destacó siempre por su capacidad polémica, su erudición y una obra literaria y filosófica que bastan para situarlo entre las figuras más relevantes del pensamiento en lengua española.
Hayan ocurrido exactamente como se cuentan o no los hechos de Salamanca, es cierto que terminó confinado en su domicilio y despojado de su cargo como rector. Algo recurrente en los regímenes dictatoriales es la represión del pensamiento crítico. Y eso nos entrega una pista razonable: algo debió decir Unamuno para que las nuevas autoridades decidieran apartarlo de la vida pública.
No en vano Franco gobernó España desde 1939 hasta 1975. Y si eso no fue una dictadura, no sé qué podría serlo.
Por eso, para mí, don Miguel de Unamuno seguirá viviendo en estas palabras que todavía parecen dirigidas a muchos líderes, presidentes y primeros ministros del mundo:
«Venceréis, pero no convenceréis».
Comparto aquí la conmovedora escena del incidente del Paraninfo, recreada en la película de Alejandro Amenábar: "Mientras dure la guerra".
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