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Robots en la literatura: la evolución histórica (Parte 1)

Por Daniel Olivero GonzálezApuntes desde mi rincón

Una breve historia de autómatas y robots: Del engranaje antiguo al abismo digital

En mi escritorio tengo un sobreviviente de mi infancia. Un temible robot de fabricación japonesa. Me lo regaló mi madre para la navidad de 1976. La novedad de la rutina mecánica del pequeño coloso, era caminar, detenerse, y emitir un ruido de ametralladoras cuando giraba el torso y se iluminaban los tres cañones de plástico ámbar. Un símbolo de una época, que veía en los robots una amenaza en ciernes. Quizás hoy el mundo vaya en camino a que este temor se haga por completo realidad.

Pero también es cierto, que los robots representan un lado más esperanzador. La idea de un reflejo del genio creador de la ciencia y la tecnología. Artefactos que se mueven, inteligentes capaces de asumir las tareas más riesgosas o complejas. Eso hace mucho tiempo que ya es una realidad. Lo que no lo es, lo que la literatura y el arte han planteado a través de la figura del robot. Es un espléndido recurso que permite plantear muchas interrogantes del devenir humano.

Desde la aparición de la palabra robot en la obra del escritor checo Karel Čapek quien escribió la obra R.U.R. (Robots Universales Rossum) —"robot" viene del eslavo robota (trabajo forzado); que a todo esto significa “esclavo”—, el robot y sus primos hermanos como las supercomputadoras conscientes, humanoides sintéticos e inteligencias artificiales con rasgos megalómanos han sido protagonistas y antagonistas de distintas obras en la literatura y el cine. Pero los robots tienen un largo linaje histórico.

La figura del robot me ha fascinado desde que tengo uso de razón. El haber nacido a fines de los sesenta del siglo pasado me ha permitido ser tanto testigo como heredero de un conceptoliterario científico, que viene desde muy lejos. Hoy lo podemos ver en nuestra vida cotidiana a través de las máquinas robots de las fábricas de automóviles, los robots japoneses y los nuevos androides chinos que practican artes marciales y muestran el poder del coloso oriental.

La idea de una máquina que pudiera emularnos ya fue una realidad en la antigüedad. Se les conoció como autómatas. Ellos son los precursores o los "primeros robots" de la historia. Aunque la palabra "robot" no se acuñó hasta 1920, estos ingenios mecánicos sentaron las bases tecnológicas y filosóficas de la robótica moderna.

El término "autómata" proviene del griego automatos (que se mueve por sí mismo). Dependían de la mecánica pura (engranajes, levas, vapor o agua). La robótica actual integra electrónica, sensores e inteligencia artificial. Los autómatas antiguos fueron creados para el entretenimiento, la fascinación religiosa o como juguetes reales. A diferencia de los robots modernos que suelen enfocarse en la productividad industrial y la asistencia.

La Ingeniería de la Antigüedad

Herón de Alejandría (siglo I d.C.) es apodado el "mago" de la antigüedad por su capacidad para convertir principios físicos en espectáculos automáticos. Sus inventos no solo se movían solos, sino que algunos eran incluso programables, lo que lo convierte en el verdadero abuelo de la robótica.

⚙️ Los Ingenios Mecánicos de Herón de Alejandría

Las Puertas Automáticas del Templo: Para los fieles de la época, ver las puertas de un templo abrirse sin intervención humana era un milagro divino. En realidad, era termodinámica pura. Al encender un fuego en un altar exterior, el aire dentro de un depósito oculto se calentaba y se expandía. Esta presión empujaba agua hacia un enorme cubo que servía de contrapeso. Al llenarse, el peso del cubo tiraba de unas cuerdas conectadas a los ejes de las puertas, haciéndolas girar. Al apagar el fuego, el aire se enfriaba, el agua regresaba a su sitio por un sifón y otro contrapeso cerraba las puertas automáticamente.

El Teatro de Autómatas (Primer "Software"): Herón diseñó un teatro móvil que presentaba obras de títeres mecánicos sin que nadie los tocara. Es considerado el primer dispositivo programable de la historia; como un algoritmo físico, utilizaba un cilindro con clavijas y cuerdas enrolladas de formas específicas. Según cómo se enrollaba la cuerda, los títeres realizaban diferentes movimientos (caminar, girar, levantar brazos). Funcionaba mediante un contrapeso de arena que bajaba lentamente, proporcionando una fuerza constante para desenrollar las cuerdas y activar los mecanismos.

Ilustración conceptual de la eolípila de Herón de Alejandría, motor de vapor antiguo

La Eolípila, el primer motor de vapor: Aunque se usó como un juguete o curiosidad, la eolípila es el antepasado directo de la máquina de vapor. Consistía en una esfera hueca con dos tubos curvados montada sobre una caldera de agua. Al hervir el agua, el vapor subía a la esfera y salía a presión por los tubos, creando una fuerza de reacción que hacía girar la esfera a gran velocidad (hasta 2,000 RPM en réplicas modernas).

La primera "Máquina Expendedora": Herón también inventó un sistema para dispensar agua bendita en los templos. Al introducir una moneda de cinco dracmas en una ranura, esta caía sobre una palanca. El peso de la moneda inclinaba la palanca, que abría una válvula para dejar salir el agua. Cuando la moneda resbalaba y caía al fondo, la palanca volvía a su sitio y cerraba el flujo.

La Cumbre Medieval: Al-Jazari

Mientras que Herón usaba el vapor y el aire, Al-Jazari (siglo XII, actual Turquía/Irak) es considerado el "Padre de la Ingeniería Moderna" porque introdujo controles mecánicos que todavía usamos hoy, como el cigüeñal y las válvulas de escape.

🐘 Los Autómatas Legendarios de Al-Jazari

El Reloj de Elefante (La cumbre de la ingeniería medieval): Un reloj que en la práctica fue una computadora analógica gigante que mostraba el paso del tiempo cada media hora con un espectáculo de movimiento. Dentro del elefante había un gran tanque de agua con un cuenco flotante que tenía un agujero pequeño. El cuenco tardaba exactamente 30 minutos en llenarse y hundirse. Al hundirse, tiraba de una cuerda que desencadenaba una reacción en cadena: un ave mecánica en la parte superior gorjeaba; una bola caía de la boca de un halcón a la de un dragón; el peso del dragón tiraba de la cuerda para sacar el cuenco del agua y vaciarlo.

Ilustración artística del Reloj de Elefante diseñado por el ingeniero Al-Jazari

Al-Jazari diseñó el elefante (India), el escriba (Egipto), los dragones (China) y el turbante (Islam) para celebrar la diversidad del conocimiento científico de su época. Una universalidad que hoy se extraña en medio de nacionalismos trasnochados y políticas de supremacías ideológicas y raciales.

El "Mesero" Automático (Higiene y servicio): Al-Jazari creó varios sirvientes mecánicos para lavar manos o servir bebidas, que funcionaban con sifones y flotadores. Uno era un autómata que ofreciía jabón y una toalla. Cuando el usuario terminaba de lavarse, el agua usada caía en una cuenca interna que, al llenarse, activaba un mecanismo de vaciado automático (el mismo principio que usamos hoy en las cajas de los inodoros). Sus máquinas podían medir cantidades exactas de líquido, algo vital para que el robot no se desbordara.

El Barco de Músicos (El primer robot programable): Este es quizás su invento más cercano a la robótica moderna. Era una banda de cuatro músicos mecánicos que flotaba en un lago durante las fiestas reales:

  • Programación física: Los movimientos de los tamborileros estaban controlados por un cilindro con levas (pines o protuberancias).
  • Ritmos variables: Dependiendo de dónde se colocaran los pines en el cilindro, los músicos tocaban diferentes ritmos. ¡Es el ancestro directo de las cajas de música y de la programación por hardware!

Dato curioso: Al-Jazari no solo inventaba, sino que escribió el "Libro del conocimiento de los ingenios mecánicos geniales", con instrucciones tan precisas que hoy en día los ingenieros pueden reconstruir sus máquinas y funcionan a la perfección.

El salto que da Leonardo da Vinci (finales del siglo XV) es fascinante porque, a diferencia de los ingenieros anteriores que usaban agua o vapor, él aplicó la anatomía humana a la mecánica. Leonardo no solo quería que sus máquinas se movieran; quería que se movieran como nosotros.

En la próxima entrega veremos el ingenio de Da Vinci hasta los robots chinos karatecas y cómo se convirtieron en un arquetipo literario permanente. ¡No te lo pierdas!

© [2026] [Daniel Olivero González]. Todos los derechos reservados.

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