H.P. Lovecraft y “El modelo de Pickman”: una visita al sótano del miedo
Por Daniel Olivero González – Apuntes desde mi rincón
Solo mencionar su nombre provoca una reacción extraña. No, no es que se apague la luz o se escuche un cántico en una lengua olvidada, pero algo se mueve en el aire. Un breve escalofrío, una curiosidad antigua.
H.P. Lovecraft. El flaco de Providence. El hombre que transformó el miedo en una mitología cósmica.
¿Cómo empezar una reseña sobre quien dio forma a eso que hoy llamamos horror cósmico? Tal vez mencionando a sus discípulos, que ampliaron su universo poblado de dioses impíos y geometrías imposibles: Cthulhu, Nyarlathotep, Azathoth… divinidades blasfemas que habitan los límites de la razón humana.
Pero más que nombres o monstruos, Lovecraft creó una sensación: la de mirar el abismo y entender que el abismo ni siquiera nos ve.
Sus protagonistas —esos caballeros cultos, eruditos o exploradores del conocimiento prohibido— nunca encuentran las palabras adecuadas para describir el horror. Balbucean, se interrumpen, intentan dar forma a lo innombrable. Esa imposibilidad del lenguaje es su marca de fábrica. No hay monstruos realmente visibles; hay mentes que se desmoronan ante lo inconcebible.
Lovecraft ha sido criticado hasta el cansancio por su estilo barroco, por su abuso de adjetivos y su sintaxis recargada. Pero ¿acaso la literatura no es también un lenguaje de excesos?
Como bien diría el blog El Espejo Gótico, su autor fue un “flaco genial”, capaz de construir una atmósfera densa, húmeda y temerosa con apenas un par de líneas.
Podrá no ser un virtuoso del estilo, pero fue un arquitecto del miedo.
A diferencia de Poe o de Stevenson, Lovecraft no fue popular en vida. Publicaba en revistas pulp, ganando unos pocos dólares por cuento. Sin embargo, tuvo el talento (y la suerte) de rodearse de un grupo de devotos admiradores —August Derleth, Robert E. Howard, Clark Ashton Smith, Frank Belknap Long— quienes continuaron su legado y expandieron su universo. Gracias a ellos, el “Círculo de Lovecraft” mantuvo con vida al dios dormido bajo el mar.
Mi inenarrable travesía hacia Arkham
De Lovecraft supe primero por artículos desperdigados, no por las bibliotecas. Recuerdo uno en la desaparecida revista Bravo (esa suerte de Playboy chilena con artículos serios y modelos en ropa opcional). Tendría unos catorce o quince años, y los intereses culturales suelen venir de la mano de las hormonas.
Más tarde lo reencontré en reseñas de cine y notas sobre literatura fantástica —quizás en Enfoque, esa revista de crítica que leía en los 90 cuando aún se vendían quioscos llenos de papel y promesas.
Casi al lado del Hotel San Francisco, en plena Alameda, había una librería que ofrecía ediciones de segunda selección: tapas blandas, papel amarillento, traducciones apuradas. Entre best sellers y enciclopedias de saldo, vi un libro delgado con una ilustración inquietante: un monstruoso sujeto pintando a la luz del crepúsculo.
El título: El modelo de Pickman y otros relatos.
Lo compré sin pensarlo mucho, y sin saberlo, estaba entrando a la ciudad ficticia de Arkham, donde se levanta la Universidad de Miskatonic, y desde cuyos sótanos se oyen rumores que ningún bibliotecario quiere confirmar.
El modelo de Pickman: el arte como abismo
En este relato —uno de los más conocidos y cinematográficos de Lovecraft— el narrador, Thurber, cuenta su relación con el pintor Richard Upton Pickman, un artista obsesionado con representar el horror en su forma más pura.
Las pinturas de Pickman son tan realistas, tan perturbadoras, que escandalizan a sus colegas. Nadie puede entender de dónde proviene esa visión de lo monstruoso.
El cuento avanza entre descripciones y conversaciones, hasta que el narrador visita el estudio subterráneo del artista. Allí, entre lienzos y fotografías, descubre el origen del realismo de Pickman: no eran modelos imaginarios… sino retratos del natural.
La última escena, con una fotografía caída al suelo, resume todo el genio de Lovecraft: el terror no está en ver al monstruo, sino en entender, de golpe, que siempre ha estado ahí.
“El modelo de Pickman” funciona como una metáfora del propio Lovecraft: el artista que desciende al sótano de la imaginación humana y vuelve con una obra tan perturbadora que nadie quiere aceptarla.
Su monstruo no es un ser de tentáculos —es la verdad estética del miedo.
Epílogo
Lovecraft murió en 1937, a los 46 años, pobre, enfermo y casi inédito. Pero su sombra se alargó sobre el siglo XX. De sus páginas surgieron universos enteros, desde Stephen King hasta Guillermo del Toro.
Su influencia se siente en el cine, los videojuegos, los cómics, la música y hasta en la filosofía. Y cada generación que lo lee por primera vez repite el mismo ritual: bajar al sótano, encender una vela y asomarse a lo indecible.
Yo lo hice aquella tarde, en una librería de la Alameda. Y nunca más volví a mirar la oscuridad del mismo modo.
Ficha del libro
Título: El modelo de Pickman y otros relatos
Autor: Howard Phillips Lovecraft (H.P. Lovecraft)
Editorial: Varias ediciones (Alianza Editorial, Edhasa, Valdemar, Porrúa, Planeta DeAgostini)
Primera publicación del relato: Octubre de 1927 en la revista Weird Tales
Colección: El modelo de Pickman y otros relatos (según edición)
Traducción recomendada: Rafael Llopis / Francisco Torres Oliver
Género: Terror cósmico, horror psicológico, fantasía oscura
Extensión: Relato corto (aprox. 20 páginas)
Ambientación: Boston y los barrios ficticios del universo lovecraftiano (Arkham, Kingsport, Miskatonic)
Narrador: Thurber, amigo del pintor Richard Upton Pickman
Personajes principales:
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Richard Upton Pickman: Pintor genial y perturbado, obsesionado con representar el horror absoluto.
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Thurber: Narrador del relato, testigo de la revelación final.
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Las criaturas subterráneas: seres deformes e innombrables, fuente del “realismo” de Pickman.
Temas principales:
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El arte y el horror como reflejo del inconsciente.
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El límite entre la inspiración y la locura.
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La búsqueda de lo innombrable como forma de conocimiento.
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La belleza en lo monstruoso.
Estilo narrativo:
Lovecraft construye el relato en forma de confesión oral, como una historia contada entre cigarrillos y whisky, en un tono casi periodístico. La atmósfera se vuelve más opresiva a medida que el narrador se acerca a la verdad, y el final funciona como una descarga eléctrica: breve, seca, inolvidable.
Frase destacada:
“Solo un artista como Pickman podía mirar el abismo sin volverse piedra. Los demás, apenas lo rozamos, y ya estamos perdidos.”
Importancia literaria:
El modelo de Pickman es uno de los relatos más accesibles y cinematográficos de Lovecraft. Prefigura el concepto de “arte maldito” y ha inspirado múltiples adaptaciones en cómic, cine y televisión (notablemente en la serie Masters of Horror, 2005). Representa la perfecta puerta de entrada al universo de Arkham y al estilo paranoico, erudito y desmesurado del autor.
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