Antologías Acervo, Sheridan Le Fanu y el juez Hartbottle
Por Daniel Olivero González – Apuntes desde mi rincón
Volví a la librería días después y compré todos los ejemplares que quedaban. Esa serie de libros —aquellas Antologías Acervo— se transformó en mi puerta de entrada al terror literario con apellido ilustre, el género que visitan todas las grandes plumas cuando se asoman al abismo.
Más adelante, volveremos a hablar de la Editorial Acervo, con sus antologías dedicadas al cuento policial, la ciencia ficción y el amor. Pero hoy toca detenernos en la historia de ese juez que me abrió las puertas del miedo culto: el irlandés Sheridan Le Fanu.
Sheridan Le Fanu: el caballero espectral de Dublín
Joseph Sheridan Le Fanu (1814 – 1873) fue uno de los pilares del cuento gótico victoriano. Irlandés, periodista y novelista, perteneció a una familia culta pero asediada por la ruina económica y la superstición protestante. Escribió sobre fantasmas con la serenidad de quien los había tenido como vecinos.
Le Fanu publicó sus relatos en revistas de la época —Dublin University Magazine y All the Year Round de Dickens— y, sin proponérselo, fundó la tradición moderna del cuento de fantasmas psicológico. No era solo un narrador de apariciones; fue un explorador del miedo como culpa, locura o castigo.
Su estilo, más insinuante que explícito, prefigura a Henry James y a M. R. James. Entre sus obras más conocidas están Carmilla (1872), la primera gran novela de vampiros escrita antes que Drácula; El vigilante; El fantasma de la señora Crowl; y la colección In a Glass Darkly (1872), donde aparece El juez Harbottle.
“El juez Harbottle”: justicia más allá de la tumba
Publicado en 1872, El juez Harbottle es uno de los relatos más perturbadores de Le Fanu. Su protagonista, el juez titular de una corte londinense del siglo XVIII, es un hombre brutal y corrupto que condena injustamente a un inocente a la horca. Poco después, empieza a ser acosado por visiones de un tribunal fantasmal que lo cita para responder por sus crímenes.
El relato mezcla crítica social, moral religiosa y terror sobrenatural. Lo fascinante es la ambigüedad: ¿lo que vive Harbottle es un castigo del más allá o un brote de locura y culpa?
Le Fanu juega con la atmósfera onírica: pasillos oscuros, risas en los corredores, un carruaje que se detiene a medianoche, un juez espectral que preside un tribunal imposible.
Más que el castigo, lo que inquieta es el tono de pesadilla: el protagonista intenta razonar su miedo, pero el terror proviene del interior. Como en toda la literatura de Le Fanu, la justicia divina se mezcla con la paranoia humana.
Por qué recordar a Le Fanu
Leer El juez Harbottle en aquella edición de Antologías Acervo fue, descubrir que el miedo también es literatura con mayúscula. Que detrás de cada sombra gótica hay un autor clásico, y que el género no es “menor”, sino el espejo más fiel de la conciencia humana.
Le Fanu fue maestro de autores como M. R. James, Algernon Blackwood, Arthur Machen y H. P. Lovecraft, quien reconocía en él a uno de sus antepasados literarios.
Si Carmilla anticipó a los vampiros románticos, El juez Harbottle anticipó el terror psicológico y la justicia del alma.




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